—Te
daré mis acciones sólo cuando la amenaza de absorción haya desaparecido.
—Bien
—replicó Peter, extendiendo la mano—. Trato hecho.
—Estoy
dispuesta a dejar atrás nuestras diferencias para salvar la empresa —dijo ella.
Entonces, con lo que pareció costarle un esfuerzo supremo, estrechó la mano de
Peter.
—Me
alegra escuchar eso, Lali —afirmó él, apretándole ligeramente la mano—, porque,
para salvar esta empresa, vas a tener que olvidar lo que aprendiste en la
universidad. Ahora —añadió, soltándole la mano—, ¿quieres darme tu abrigo?
—¿Qué
quieres decir con eso de olvidarme de lo que he aprendido? —preguntó ella,
quitándose el abrigo para entregárselo.
—Sabrina
Velázco es sencillamente la primera de una larga lista de empresas que esperan
su oportunidad de absorber Espósito S.L Enterprises —explicó él, mientras
colgaba el abrigo—. El problema no es Sabrina, sino la percepción de que
Espósito S.L Enterprises tiene problemas. Sólo hay una manera de librarse de
todas las posibles amenazas.
—Tú
dirás —dijo Lali, mientras tomaba asiento en el sofá. Peter se sentó frente a
ella.
—Tenemos
que convencer a Sabrina y a todos los demás de que mi trabajo está intacto. Que
nuestra unión es... segura.
—¿Qué
es lo que estás sugiriendo?
—Que
seamos amantes —respondió él, tras un instante. Inmediatamente, vio cómo la
sorpresa dejaba paso a la indignación en los ojos de Lali. —No, por supuesto,
sólo estaremos fingiendo. Es el único modo. Tenemos que demostrarle a Sabrina
Velázco y al resto del mundo que estamos juntos. Que mi despido se debió
simplemente a una pelea de enamorados. Si los dos estamos unidos, tanto en el
poder como en el dinero, todos sabrán que es mejor no intentar absorción
alguna.
—Todo
eso es ridículo. Estamos en el mundo de los negocios...
Peter
se levantó.
—Si
Sabrina cree por un momento que tú me has pedido que regrese sólo por la amenaza
de absorción, va a saber que mi estancia será sólo temporal. Sabrá que, tarde o
temprano, vas a volver a despedirme. El resultado final es que jamás cederá sus
acciones. Se limitará a esperar y a golpear cuando llegue el momento adecuado.
—¿Esta
ridiculez es lo mejor que me puedes ofrecer? No lo creo. Recuperaremos la
empresa al modo tradicional. Demostrando que somos más fuertes que ella.
—Pero
no es así. Durante el pasado año, el precio de las acciones ha bajado
considerablemente. Los accionistas son conscientes de ello y están deseando
vender las acciones mientras aún valgan algo. Tú nos has metido en este lío.
Creo que le debes a todo el mundo hacer lo que sea para sacarnos de él.
—¿Qué...
qué es lo que supondría este plan tuyo?
—Nos
reuniremos con Sabrina y haremos todo lo posible para convencerla de que
estamos enamorados... o, al menos, que tú estás enamorada de mí. Explicaremos
que mi salida de la empresa se debió a tu reacción ante una pelea de
enamorados, y que tú nunca harías nada que me hiciera daño a mí o a la empresa.
—No
soy actriz ni una mujer histérica —dijo, cosa que Peter no dudaba. Tenía el
aspecto de una gélida princesa.
—¿Cuánto
tiempo te llevará redactar el contrato?
—Primero
lo tendrá que aprobar el consejo.
—Eso
no debería suponer ningún problema. Reúnete conmigo en el aeropuerto a las ocho
de la mañana. Y lleva el contrato. Lo firmaré antes de que nos marchemos.
—Para
eso quedan menos de diez horas a partir de este momento.
—Supongo
que en ese caso, es mejor que te marches —replicó él, entregándole su abrigo.
—No
he accedido a nada.
—Accederás.
No te queda elección.
Mientras
le ayudaba a ponerse el abrigo, los dedos rozaron la cremosa piel del cuello de
Lali. Ella se sobresaltó, como si le hubieran quemado. Cuando entomó los ojos,
Peter vio en ellos un odio profundo. Cuando Lali dio un paso adelante, él pensó
que iba a abofetearlo. Al final, ella se limitó a morderse el labio inferior y
a darse la vuelta con la cabeza muy alta, tan regia en la derrota como lo era
en la victoria. Mientras cerraba la puerta, Peter no pudo evitar esbozar una
sonrisa.
Iba
a disfrutar mucho con aquel asunto.