Era
casi medianoche. Faltaban dos semanas para Navidad y, por primera vez en meses,
estaban solos. Como si estuviera anticipando lo que estaba a punto de ocurrir, Peter
sonrió, desafiándola en silencio. Alto y de una ruda belleza, con espeso cabello
negro y penetrantes ojos verdes, Peter Lanzani era la clase de hombre que
estaba acostumbrado a conseguir lo que deseaba. Como un pirata moderno,
recorría el mundo adueñándose de hoteles ruinosos, diamantes en bruto, y
convirtiéndolos en lujosos complejos hoteleros.
Había
llegado el momento, Lali respiró profundamente para armarse de valor. Estaba
decidida a pronunciar las tres palabras que llevaba años queriendo decir.
Estaba tan cerca, que podía oler el carísimo aftershave que él utilizaba y el
frescor a menta de su aliento.
—Estás
despedido, Peter.
Los
músculos de la mandíbula de Peter se tensaron, y los ojos se le oscurecieron
cuando comprendió el impacto de aquellas palabras.
—No
voy a permitir que me arrebates esta empresa —le dijo.
Una
cierta aprensión recorrió a Lali de la cabeza a los pies. Después de todo,
aquél era el hombre que había orquestado un motín en la empresa, llegando
incluso a traicionar a su propio mentor. Desde entonces, el dominante estilo de
dirección de Peter había convertido Espósito Enterprises en una empresa
puntera, reportándole a su indómito líder fama y admiración. Lali no pudo
evitar preguntarse qué sería capaz de hacerle a ella.
Sin
embargo, si pensaba que una amenaza le iba a ayudar a conservar su trabajo,
estaba muy equivocado. Lali le había prometido a su padre en el lecho de muerte
que se vengaría del hombre que le había arrebatado su empresa. Que un día, ella
conseguiría despedir a Peter Lanzani.
Desde
que ella regresó al negocio hacía seis meses, la actitud de Peter la había
empecinado más en su decisión. El había hecho lo imposible por ponerle las
cosas difíciles, tratándola más como una irritante colegiala que como una
dotada mujer de negocios. Se enfrentaba a ella en todos y cada uno de los
aspectos de la agenda de Lali, desde el color del nuevo logotipo al rumbo que
debía tomar la empresa. Era como si siguiera considerándola la misma chica que
se había enamorado tan perdidamente de él, cuando sólo una mirada de Lanzani le
ponía alas en el corazón. Debería haberse dado cuenta de que había perdido el
poder sobre Lali hacía mucho tiempo.
—No
puedes hacer nada —replicó Lali—. Yo soy la presidenta del consejo.
—Una
situación que tiene que ver más con el número de acciones que con la pericia
empresarial.
—Mi
padre siempre deseó que yo tomara las riendas de esta empresa. Llevo mucho
tiempo trabajando muy duro para llegar a este momento, Peter. Tengo la mayoría
de las acciones y estoy preparada.
—Tal
vez tu padre fundara esta empresa, pero he sido yo el que la ha convertido en
lo que es. Esta empresa me necesita.
—No.
Esta empresa no te necesita. Ni yo tampoco.
—
¿Y el consejo está de acuerdo? —preguntó él, cruzándose de hombros.
En
realidad, a Lali le había costado mucho conseguir la aprobación del consejo
para despedir a Peter. Al final, no les había quedado más remedio que estar de
acuerdo con ella. Después de todo, tal y como Peter acababa de decir ella era
la dueña de dos tercios de las acciones.
—Sí
—respondió.
El
reflejo de la ira en los ojos de Peter resultó inconfundible. Se levantó y le
dio la espalda para dirigirse a la ventana. Desde el último piso de uno de los
rascacielos de Buenos Aires, podía contemplar la ciudad, iluminada para las
inminentes fiestas navideñas, a vista de pájaro.
oooo ya me acorde si la lei pero hasta el cap 10 :P entonces espero con ansias el 11
ResponderEliminarSiii, la había empezado a subir, pero luego no tuve tiempo y lo dejé. Así que renové el blog y volví a empezar.
EliminarIntentaré subirlos rápido :)
Comienzo a leer.Me gusta ,los dos tienen poder ,y x lo visto ,cuentas pendientes.
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